Segunda y última
Supongo que esa primer carta que le escribí a Caludio en realidad no era del todo para él. Soy conciente que necesitaba exorcizar cosas mías y que Claudio era bastante más efectivo que mi psicólogo de turno. Escribir era la excusa justa para matar dos pájaros de un tiro: “darme a conocer” con historias, vivencias, reflexiones; y por otro lado ir haciendo los cierres de mis propios quilombos.
Es verdad que en un principio era una comunicación no tan recíproca. Claudio tuvo siempre la habilidad para dejar caer con cuenta gotas su interior pero tenía una habilidad mayor que esa: scannearme en cada carta, conocer (aun no se como) lo que me estaba pasando y, sobre todo, no emitir juicios. Es así que más de una vez me encontraba con la persiana baja y el pibe metido en mis secretos más jodidos paseando y hurgándolos como pancho por su casa pero con un respeto y una altura admirables.
Eso no me molestaba, al contrario, me subía la adrenalina muchísimo.
Soy un animal ritualista: me gustan mis rutinas y las disfruto. Como yo de lunes a viernes trabajaba de “niñera cama adentro” y mi cerebro no estaba lo que se dice con muchos desafíos intelectuales me construí una cotidianeidad que además de mantener mi cabeza ocupada me permitía conocer mejor a (C)... (o darme a conocer?).
Así que además de escribir cartas larguiiiiisimas también empecé a visitarlo cada sábado en el Penal: 4 horas de viaje entre ida y vuelta para poder disfrutar de una charla vidrio por medio 45 minutos en los que ninguna charla alcanza ni siquiera algo parecido a un desarrollo.
Las experiencias en esos sábados fueron realmente raras para una persona como yo. Pensar que mi existencia burguesa de Rosario me llevaría por los derroteros de rejas, guardias, manoseos morales infames y – sobre todo – un “convicto” de posible amor no era el prospecto con el que ni yo, ni mi familia ni mis amigos nos hubiésemos imaginados nunca. Las “explicaciones” de por qué él fueron muchas y sin demasiado resultado en un principio. Si me pongo en la piel de mis viejos la verdad es que volvieron a confiar en mí casi ciegamente, y eso que ya deberían haber estar curados de espanto!!! La mejor frase que me escribió mi vieja fue: “nena, vos siempre te has complicado la vida, pero te estás perfeccionando cada vez más en buscarte problemas....”
La gente que más me conmovió en esas visitas fueron las madres. Mujeres mayores que podían hacer aún más kilómetros que yo para visitar con una resignación admirable a hijos que cualquiera daría ya por perdidos. A lo largo de las visitas fui confraternizando con esas mujeres y he escuchado algunas historias que tocaban la toxicomanía, la violencia doméstica, las revanchas ... y después me dicen que la realidad no supera a la ficción!!!
Se arma algo así como una especie de solidaridad cuando a alguien le daban una mala noticia, o cuando rechazaban un permiso, o cuando nos enterábamos de algún castigo desproporcionado.
Otra de las cosas que más me impactó fue el efecto del “poder” en la gente, pero sobre todo en los pobres diablos. Da asco ver a un tarado vestido de uniforme ejerciendo su autoridad “contra” nosotros, los que íbamos a “comunicar” con los “internos”: uno es igual de basura que los que están adentro. No existen las diferencias. Ese poder que también les da impunidad: porque hay que tener cojones para elevar una queja sobre estos especimenes y después no quedarse con el corazón en la boca esperando que no se tomen revancha con tu hijo, tu marido, tu hermano. Había uno en particular que era realmente repugnante, y que me juego la cabeza que en su casa debía ser el pollerudo universal más capullo y gilipollas del universo!
No es solo el desprecio que ves en las miradas sino el tono humillante en el que te hablan, las risitas entre ellos cuando saben que tienes visitas íntimas (**), que para ellos es más o menos como que una prostituta vaya a prestar servicios a un preso.... (Creo que no debí contar eso, pero me da igual)
En mi caso, nobleza obliga, debo decir que nunca he tenido problemas y que muchas veces los funcionarios me trataban con cierta “familiaridad” cuando sabía a quién iba a visitar: Claudio era muy bien considerado por casi todos y más de una vez han tenido con nosotros gestos de excepción... lo que también está mal pero que en el momento una agradeció infinitamente.
En fin, que pasaron los sábados y no me avergüenza confesar que yo esperaba el fin de semana con mucha (mucha) ilusión.
Por el lado de Claudio la cosa iba con mucha más cautela. Recuerdo que en su total honestidad Claudio intentaba hacerme entender que el sentimiento crecía de un lado solo y que él no estaba mucho por la labor de embarcarse en una relación. Siempre me decía, mientras se apoyaba con las dos manos en el vidrio que nos separaba, que no quería sufrir y que no sabía si podía llegar a quererme y que “esto” (el vidrio) puede paralizar mucho más de lo que yo podía imaginar. Su frase preferida era “vos no sabés lo que es estar de este lado...”
Yo no se si no me importaba o no le creía, la cuestión es que yo no dejé ni de visitarlo ni de escribirle, y él no dejó nunca de serme sincero y de a poquito empezamos los dos a querernos.
Así pasaban los meses: visitas cada sábado y cartas en el buzón cada lunes.
Luego se sumaron las visitas algunos domingos y esas eran (**) “en persona”, en una piecita pequeñita en la que te encierran con llave con el “interno” durante dos horas. Fue muy (pero muy) loca la primera de estas visitas vis-a-vis porque yo también estaba encerrada, dos horas nomás, pero sentir el ruido de la llave en una puerta de chapa en un lugar así creo que moviliza mal a cualquiera.
Claudio recibía permisos de salidas cada 50 días aproximadamente y en esos permisos seguíamos (seguía yo?) tratando de reforzar una historia que para mi era única. Y todo esto con la perspectiva de saber que aún faltaba un año más de reclusión...
Hasta que un día, luego de 6 meses, a mi se me saltó la ficha mal. Me cansé de “te quiero pero no te amo”, de los “yo no te puedo ofrecer nada”, de los “no me quiero lastimar” y sobre todo de uno: “sabés Sil, yo quiero cruzar el altar de la mano de la mujer de mi vida”, sabiendo que yo no era esa mujer ni de acá a la China.
Aha, así de claro estaba todo.... Así de francos podíamos ser los dos. Así de hecha moco me quedé yo después de esa conversación.
Y esa ficha me saltó en una de esas visitas de piecita cerrada y me despaché con todo: yo no podía obligar a nadie a que me ame, pero si podía decidir buscar a una persona capaz de hacerlo, y si vos no me podés amar yo no juego más.... seguimos siendo amigos, y no tengo drama en darte una mano en lo que sea pero o nos aclaramos o yo sigo por mi lado y vos por el tuyo. Y quedamos así, en veremos que pasa, en lo hablamos en mi próximo permiso porque ya se nos acaba el tiempo de la visita, en un final de charla que finalmente fue “yo te quiero Sil, en serio”.... aunque yo no daba mucho crédito a nada.
Yo no se si fue lo que dije, o cómo lo dije (necesitaba una sábana para sacarme los mocos del llanto), o si fue la ficha que también le cayó a él pero todo cambió a partir de ese momento. A la semana siguiente Claudio estaba de permiso en casa y fuimos a un barcito de Madrid donde pasan jazz. Y se destapó la olla. Yo no daba crédito a mis oídos y reconozco que volvía a mirar una y otra vez el vaso el zumo de naranja que estaba tomando Claudio para ver si no le habían metido medio litro de vodka!!! Y no, el pibe estaba bien sobrio!!
Me quedé muda escuchando la declaración de amor con la que soñé toda la vida. Vi a otro Claudio, uno que realmente pensaba que me quería de compañera para siempre y que ya no se trataba de salir para compartir uno que otro fin de semana. Recuerdo que en un momento me mira y me pregunta “Negra, ¿te das cuenta que esto es para siempre?”... aún hoy me cuesta describir el vértigo que me pasó por adentro.
Y así fue. Decidimos casarnos y como por arte de magia empezaron a salirnos las cosas con una facilidad que parece obra de una mano de otro mundo.
Ya he contado en otro post que nos casamos un sábado 28 de mayo en un permiso de Claudio, que nuestra luna de miel duró solo el domingo y en casa; que mi ropa de casamiento costó 60 euros pero que era tan hippie como yo quise siempre, y que no hubo banquete sino una reunión en una pizzería y que nos acompañaron las 40 personas que realmente nos querían.
En realidad yo estaba bastante sola, de mi familia no había nadie, todos están del otro lado del charco pero a la larga han vivido esta historia como si estuvieran acá, sobre todo porque sienten lo feliz que somos.
Fue un casamiento atípico. La mejor anécdota que tengo la protagoniza una señora de unos 65 años. Ella escuchó en un programa de radio la historia de Claudio, su enfermedad, su proyecto artístico logrado en la cárcel, sus ganas de salir adelante. Esta historia fue relatada por una de las voluntarias de la prisión, y en ese mismo momento llamó a la radio para ofrecernos su ayuda, su dinero para que alguno de nuestros padres pudiese venir al casamiento... Finalmente eso no pudo ser porque la fecha estaba muy encima, pero fue al casamiento en la parroquia y pudimos conocer a esta señora tan especial.
Antes y después del casamiento recibimos muestras de cariños de muchísima gente: mis actuales jefes (ya no soy mucama!!) que admiran y quieren a Claudio muchísimo, nuestros amigos que nos acompañaron siempre, el cura que nos casó que hizo una ceremonia “a nuestra medida” en la que tanto Claudio como yo pudimos hablar y decirnos algo así como los votos... no se, yo nunca había participado de una ceremonia tan especial...
Y como coronación de tanta cosa mágica Claudio alcanzó al mes el grado de semilibertad que tanto esperábamos... inesperado, insospechado por lo rápido.... Y Claudio ha dejado el penal y puede vivir cerca de casa; y nos vemos todos los días porque solo debe ir a dormir al nuevo Centro de reinserción; y ya tiene sus primeros trabajos artísticos por encargo y pagados!!, y salen algunas ofertas de trabajo y su enfermedad está pero parece que no estuviera porque no jode tanto... y estamos juntos, como socios, como amigos, como compañeros.
Supongo que muchas de mis amigas me mirarían con cierto dejo de “pobre Sil, mirá de las cosas que se alegra...” Y supongo que los que lean esto también podrán ver solo la milésima parte de lo que significa, porque es mucho, muy raro y muy inentendible pero lo que me gustaría dejar claro es que se puede, que las cosas más locas y utópicas salen y que a pesar que suene cursi, saber que al lado tuyo tenés un cuore que tira pal mismo lado es el regalo más lindo de la vida.
Podría haber escrito muchísimo más pero no me resulta fácil contar sin que me pregunten porque no soy buena escribiendo porque si, sino que soy bastante eficaz contado cosas más concretas.
Y además he de seguir en consejo de mi hermano (bloggero viejo) que me dijo que los post largos nunca se terminan de leer y que abuuuuuurren!!
Chan Chan! ( y si llegaste hasta el final: que paciencia!!!)
Es verdad que en un principio era una comunicación no tan recíproca. Claudio tuvo siempre la habilidad para dejar caer con cuenta gotas su interior pero tenía una habilidad mayor que esa: scannearme en cada carta, conocer (aun no se como) lo que me estaba pasando y, sobre todo, no emitir juicios. Es así que más de una vez me encontraba con la persiana baja y el pibe metido en mis secretos más jodidos paseando y hurgándolos como pancho por su casa pero con un respeto y una altura admirables.
Eso no me molestaba, al contrario, me subía la adrenalina muchísimo.
Soy un animal ritualista: me gustan mis rutinas y las disfruto. Como yo de lunes a viernes trabajaba de “niñera cama adentro” y mi cerebro no estaba lo que se dice con muchos desafíos intelectuales me construí una cotidianeidad que además de mantener mi cabeza ocupada me permitía conocer mejor a (C)... (o darme a conocer?).
Así que además de escribir cartas larguiiiiisimas también empecé a visitarlo cada sábado en el Penal: 4 horas de viaje entre ida y vuelta para poder disfrutar de una charla vidrio por medio 45 minutos en los que ninguna charla alcanza ni siquiera algo parecido a un desarrollo.
Las experiencias en esos sábados fueron realmente raras para una persona como yo. Pensar que mi existencia burguesa de Rosario me llevaría por los derroteros de rejas, guardias, manoseos morales infames y – sobre todo – un “convicto” de posible amor no era el prospecto con el que ni yo, ni mi familia ni mis amigos nos hubiésemos imaginados nunca. Las “explicaciones” de por qué él fueron muchas y sin demasiado resultado en un principio. Si me pongo en la piel de mis viejos la verdad es que volvieron a confiar en mí casi ciegamente, y eso que ya deberían haber estar curados de espanto!!! La mejor frase que me escribió mi vieja fue: “nena, vos siempre te has complicado la vida, pero te estás perfeccionando cada vez más en buscarte problemas....”
La gente que más me conmovió en esas visitas fueron las madres. Mujeres mayores que podían hacer aún más kilómetros que yo para visitar con una resignación admirable a hijos que cualquiera daría ya por perdidos. A lo largo de las visitas fui confraternizando con esas mujeres y he escuchado algunas historias que tocaban la toxicomanía, la violencia doméstica, las revanchas ... y después me dicen que la realidad no supera a la ficción!!!
Se arma algo así como una especie de solidaridad cuando a alguien le daban una mala noticia, o cuando rechazaban un permiso, o cuando nos enterábamos de algún castigo desproporcionado.
Otra de las cosas que más me impactó fue el efecto del “poder” en la gente, pero sobre todo en los pobres diablos. Da asco ver a un tarado vestido de uniforme ejerciendo su autoridad “contra” nosotros, los que íbamos a “comunicar” con los “internos”: uno es igual de basura que los que están adentro. No existen las diferencias. Ese poder que también les da impunidad: porque hay que tener cojones para elevar una queja sobre estos especimenes y después no quedarse con el corazón en la boca esperando que no se tomen revancha con tu hijo, tu marido, tu hermano. Había uno en particular que era realmente repugnante, y que me juego la cabeza que en su casa debía ser el pollerudo universal más capullo y gilipollas del universo!
No es solo el desprecio que ves en las miradas sino el tono humillante en el que te hablan, las risitas entre ellos cuando saben que tienes visitas íntimas (**), que para ellos es más o menos como que una prostituta vaya a prestar servicios a un preso.... (Creo que no debí contar eso, pero me da igual)
En mi caso, nobleza obliga, debo decir que nunca he tenido problemas y que muchas veces los funcionarios me trataban con cierta “familiaridad” cuando sabía a quién iba a visitar: Claudio era muy bien considerado por casi todos y más de una vez han tenido con nosotros gestos de excepción... lo que también está mal pero que en el momento una agradeció infinitamente.
En fin, que pasaron los sábados y no me avergüenza confesar que yo esperaba el fin de semana con mucha (mucha) ilusión.
Por el lado de Claudio la cosa iba con mucha más cautela. Recuerdo que en su total honestidad Claudio intentaba hacerme entender que el sentimiento crecía de un lado solo y que él no estaba mucho por la labor de embarcarse en una relación. Siempre me decía, mientras se apoyaba con las dos manos en el vidrio que nos separaba, que no quería sufrir y que no sabía si podía llegar a quererme y que “esto” (el vidrio) puede paralizar mucho más de lo que yo podía imaginar. Su frase preferida era “vos no sabés lo que es estar de este lado...”
Yo no se si no me importaba o no le creía, la cuestión es que yo no dejé ni de visitarlo ni de escribirle, y él no dejó nunca de serme sincero y de a poquito empezamos los dos a querernos.
Así pasaban los meses: visitas cada sábado y cartas en el buzón cada lunes.
Luego se sumaron las visitas algunos domingos y esas eran (**) “en persona”, en una piecita pequeñita en la que te encierran con llave con el “interno” durante dos horas. Fue muy (pero muy) loca la primera de estas visitas vis-a-vis porque yo también estaba encerrada, dos horas nomás, pero sentir el ruido de la llave en una puerta de chapa en un lugar así creo que moviliza mal a cualquiera.
Claudio recibía permisos de salidas cada 50 días aproximadamente y en esos permisos seguíamos (seguía yo?) tratando de reforzar una historia que para mi era única. Y todo esto con la perspectiva de saber que aún faltaba un año más de reclusión...
Hasta que un día, luego de 6 meses, a mi se me saltó la ficha mal. Me cansé de “te quiero pero no te amo”, de los “yo no te puedo ofrecer nada”, de los “no me quiero lastimar” y sobre todo de uno: “sabés Sil, yo quiero cruzar el altar de la mano de la mujer de mi vida”, sabiendo que yo no era esa mujer ni de acá a la China.
Aha, así de claro estaba todo.... Así de francos podíamos ser los dos. Así de hecha moco me quedé yo después de esa conversación.
Y esa ficha me saltó en una de esas visitas de piecita cerrada y me despaché con todo: yo no podía obligar a nadie a que me ame, pero si podía decidir buscar a una persona capaz de hacerlo, y si vos no me podés amar yo no juego más.... seguimos siendo amigos, y no tengo drama en darte una mano en lo que sea pero o nos aclaramos o yo sigo por mi lado y vos por el tuyo. Y quedamos así, en veremos que pasa, en lo hablamos en mi próximo permiso porque ya se nos acaba el tiempo de la visita, en un final de charla que finalmente fue “yo te quiero Sil, en serio”.... aunque yo no daba mucho crédito a nada.
Yo no se si fue lo que dije, o cómo lo dije (necesitaba una sábana para sacarme los mocos del llanto), o si fue la ficha que también le cayó a él pero todo cambió a partir de ese momento. A la semana siguiente Claudio estaba de permiso en casa y fuimos a un barcito de Madrid donde pasan jazz. Y se destapó la olla. Yo no daba crédito a mis oídos y reconozco que volvía a mirar una y otra vez el vaso el zumo de naranja que estaba tomando Claudio para ver si no le habían metido medio litro de vodka!!! Y no, el pibe estaba bien sobrio!!
Me quedé muda escuchando la declaración de amor con la que soñé toda la vida. Vi a otro Claudio, uno que realmente pensaba que me quería de compañera para siempre y que ya no se trataba de salir para compartir uno que otro fin de semana. Recuerdo que en un momento me mira y me pregunta “Negra, ¿te das cuenta que esto es para siempre?”... aún hoy me cuesta describir el vértigo que me pasó por adentro.
Y así fue. Decidimos casarnos y como por arte de magia empezaron a salirnos las cosas con una facilidad que parece obra de una mano de otro mundo.
Ya he contado en otro post que nos casamos un sábado 28 de mayo en un permiso de Claudio, que nuestra luna de miel duró solo el domingo y en casa; que mi ropa de casamiento costó 60 euros pero que era tan hippie como yo quise siempre, y que no hubo banquete sino una reunión en una pizzería y que nos acompañaron las 40 personas que realmente nos querían.
En realidad yo estaba bastante sola, de mi familia no había nadie, todos están del otro lado del charco pero a la larga han vivido esta historia como si estuvieran acá, sobre todo porque sienten lo feliz que somos.
Fue un casamiento atípico. La mejor anécdota que tengo la protagoniza una señora de unos 65 años. Ella escuchó en un programa de radio la historia de Claudio, su enfermedad, su proyecto artístico logrado en la cárcel, sus ganas de salir adelante. Esta historia fue relatada por una de las voluntarias de la prisión, y en ese mismo momento llamó a la radio para ofrecernos su ayuda, su dinero para que alguno de nuestros padres pudiese venir al casamiento... Finalmente eso no pudo ser porque la fecha estaba muy encima, pero fue al casamiento en la parroquia y pudimos conocer a esta señora tan especial.
Antes y después del casamiento recibimos muestras de cariños de muchísima gente: mis actuales jefes (ya no soy mucama!!) que admiran y quieren a Claudio muchísimo, nuestros amigos que nos acompañaron siempre, el cura que nos casó que hizo una ceremonia “a nuestra medida” en la que tanto Claudio como yo pudimos hablar y decirnos algo así como los votos... no se, yo nunca había participado de una ceremonia tan especial...
Y como coronación de tanta cosa mágica Claudio alcanzó al mes el grado de semilibertad que tanto esperábamos... inesperado, insospechado por lo rápido.... Y Claudio ha dejado el penal y puede vivir cerca de casa; y nos vemos todos los días porque solo debe ir a dormir al nuevo Centro de reinserción; y ya tiene sus primeros trabajos artísticos por encargo y pagados!!, y salen algunas ofertas de trabajo y su enfermedad está pero parece que no estuviera porque no jode tanto... y estamos juntos, como socios, como amigos, como compañeros.
Supongo que muchas de mis amigas me mirarían con cierto dejo de “pobre Sil, mirá de las cosas que se alegra...” Y supongo que los que lean esto también podrán ver solo la milésima parte de lo que significa, porque es mucho, muy raro y muy inentendible pero lo que me gustaría dejar claro es que se puede, que las cosas más locas y utópicas salen y que a pesar que suene cursi, saber que al lado tuyo tenés un cuore que tira pal mismo lado es el regalo más lindo de la vida.
Podría haber escrito muchísimo más pero no me resulta fácil contar sin que me pregunten porque no soy buena escribiendo porque si, sino que soy bastante eficaz contado cosas más concretas.
Y además he de seguir en consejo de mi hermano (bloggero viejo) que me dijo que los post largos nunca se terminan de leer y que abuuuuuurren!!
Chan Chan! ( y si llegaste hasta el final: que paciencia!!!)
Claudio y dos de las partes de su Guernica hecho en Hilos








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